Hay proyectos que se entregan en producción y siguen sin usarse. Termina ese proyecto, no en el deploy: en el día que el usuario más resistente lo abre por costumbre.
En el hospital, el módulo de notas SOAP estuvo deployado durante tres semanas con una sola persona usándolo. La residente más joven. El resto seguía con libretas.
Podría haber declarado victoria. El sistema funcionaba. La métrica de adopción estaba mal pero «no era mi problema». Salvo que sí era mi problema. Si no se usa, no existe. Si no existe, lo construí en vano.
Lo terco no fue insistir. Lo terco fue cambiar el diseño. Tres veces. Hasta que la doctora de 55 años con artritis lo prefiriera sobre el papel.
Esa terquedad — no la del ego, sino la del compromiso con que la herramienta funcione para el usuario más difícil — es lo único que distingue un sistema entregado de un sistema adoptado.
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